“El cuento de la criada” de Margaret Atwood / Martin Petrozza

“…uno se pregunta si no estamos ya en un régimen parecido…”


Las distopías no dejan de asombrarnos. Imaginar futuros oscuros es siempre más atractivo que imaginarlos utópicos. El presente se antoja como el inicio de todos los males: la inteligencia artificial, los recursos naturales, los avances tecnológicos bélicos, la ambición de poder de algunos tiranos, son las causas de que en pocos o medianos años el mundo deje de ser como lo conocemos y se convierta en una pesadilla más.

En 1985, la escritora canadiense Margaret Atwood publicó El cuento de la criada (The handmaid´s tale). Una distopía social que critica el trato a la mujer. En un Estados Unidos de América imaginario, un grupo dictatorial llega al mando y transforma la libertad de las mujeres en una prisión, con base en el Antiguo Testamento. Lo que nos lleva a pensar: si uno viviera como dicta la Biblia, acabaría en Gilead, el país ficticio donde ocurre la novela. Y no es un mundo en el que alguien quisiera vivir.

La novela se narra en fragmentos de la vida actual de Defred, la mujer que vivió el radical cambio, y su antigua vida de libertad norteamericana. Cuenta cómo se instauró el nuevo régimen teocrático, cómo de un momento a otro bloquearon las cuentas bancarias de todas las mujeres, cómo las separaron de sus familias y dispusieron de ellas para parir a los hijos de los comandantes del nuevo gobierno. Para ello, se debe seguir el ritual. La ceremonia es una representación bíblica de Raquel, la criada de Jacob quien parió en lugar de su esposa, al parecer estéril, pero que pedía hijos a Dios.

El estilo narrativo es lacónico, confuso y asfixiante; genera el sentimiento de opresión que viven los personajes. La pérdida de la libertad por un bien común en el que únicamente creen los instauradores del autoritarismo se ve reflejado en cada línea. “Mejor nunca significa mejor para todos, comenta. Para algunos siempre es peor”. 

Incluso, uno se pregunta si no estamos ya en un régimen parecido. Aún existen países que someten a la mujer de formas impensables, casi ficticias o ridículas.

En 1987 El cuento de la criada ganó el premio Arthur C. Clarke, galardón otorgado a la mejor novela de ciencia ficción. Sin duda, una novela que cambia la forma de ver las cosas: ¿por qué aceptamos como normal que las mujeres no puedan votar, que no tengan propiedades, que sean una pertenencia y no una persona? ¿Cómo pudo ser esto, y cómo es que puede seguir siendo en algunos países? Una crítica social para reflexionar, y una estupenda novela distópica.

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