Fantasmas en el balcón de Héctor Aguilar Camín / Javier Moro

Fantasmas en el balcón

9

TRAMA

9.0/10

PERSONAJES

9.0/10

ESTILO

9.0/10

ESCENARIOS/AMBIENTACIÓN

9.0/10

IMPACTO

8.8/10

Lo mejor

  • La prosa de la novela es fluida
  • El narrador omnisciente se convierte en un personaje más, que acompaña a los personajes y que nos va contando más de sus vidas
  • Es una novela ágil, divertida
  • Cero nostalgia

Puede mejorar

  • En algunos momentos la búsqueda de diversión por parte de los protagonistas se vuelve chocarrera, un poco cansada


Fantasmas en el balcón es la más reciente novela del escritor mexicano Héctor Aguilar Camín (Chetumal, 1946) publicada por la editorial Literatura Random House. Una novela de corte picaresco, que nos narra las aventuras de una corte de cinco jóvenes amigos, que viven en una pensión de la colonia Condesa durante los años sesenta del siglo pasado. Una novela que nos revela los goces secretos de la noche de una Ciudad de México desaparecida hace muchos años. Una novela que recrea, a partir de la fiesta, de la noche, de la parranda, del desmadre, una ciudad fantasmal, desaparecida, y una juventud (la suya) que desaparece, que se desvanece poco a poco ante nuestra mirada.


De Aguilar Camín se puede decir poco a estas alturas. Como narrador, tiene una de las novelas más importantes para entender el llamado “Golpe a Excélsior” que fue el parteaguas del desarrollo de la prensa crítica en nuestro país. La Guerra de Galio es una novela excepcional, que también nos permite entrar a los entresijos del autoritarismo y la violencia del Estado mexicano del famoso PRI durante los años setenta de la década pasada. Como historiador, también ha tocado temas importantes en el desarrollo de la historia nacional con su libro, ya clásico, La frontera nómada. Sonora y la Revolución mexicana.


Sin embargo, a últimas fechas, el también analista político, ha desarrollado una obra de ficción que busca retratar (o recuperar, mejor dicho) la memoria de un tiempo perdido. Su libro Adiós a los padres, por ejemplo, nos da cuenta de una reflexión sobre las relaciones afectivas y sirve como una despedida de sus padres.


Pero en Fantasmas en el balcón, Aguilar Camín da una vuelta de tuerca a la nostalgia y se vuelca a contarnos las noches desenfrenadas y llenas de aventura de seis amigos con distintos orígenes de la geografía mexicana que conviven juntos en una pensión ubicada frente al Parque México de la Condesa, cuando ese barrio era uno más de la CdMx y no el barrio preferido por el tsunami gentrificador.


La novela nos relata las noches previas al temblor (¿Cuál? Nunca se nos aclara. Pero seguramente son todos los temblores que hemos vivido en nuestras vidas.) Las noches de farra de esta horda de jóvenes conformada por Morales, Lezama, Changoleón, Colignon, Gamiochipi y Alatriste. Una pandilla de jóvenes de los cuáles conoceremos poco a poco su pasado, pero a quienes sobre todo, acompañaremos a lo largo y ancho de una ciudad fantasmal, pero de la cuál podemos decir, era una eterna parranda.


Fantasmas en el balcón es novela de farras, de fiestas, iniciada en cantinas de Garibaldi, para pasar por la Arena Coliseo, de la calle de Perú, y hacer una disección profunda de la calidad y las características de los grandes boxeadores, ídolos de la afición. La novela es además un gran mapa de los barrios céntricos de la ciudad, pasando por el centro, que los protagonistas caminan calle por calle, a través de la Alameda, para continuar por la Colonia Doctores, y llegar así, después de horas de caminatas y varios litros de tequila después a la Condesa. Un mapa y un recorrido.


Fantasmas en el balcón es una novela memoriosa, que nos habla de un pasado que ya no existe, que nos cuenta las hazañas de estos amigos que ya han dejado de ser jóvenes, y que sufren por conseguir mujeres, y demostrar sus hazañas sexuales. Nos narra la dificultad que tienen para poder entrar a los antros de moda y a las casas de citas más importantes de la ciudad. Muchas de ellas ubicadas en esas calles de la Colonia Roma y de la Condesa, porque su capacidad económica solo les permitía beber en cantinas, en fondas. Y aún asó estos jóvenes, como muchos, se daban las mañas para divertirse, para alargar los pocos pesos que tenían en la bolsa. Sin embargo, es una novela que no cae en la nostalgia, sino todo lo contrario, es una novela en donde el narrador omnisciente, que habla el mismo idioma que sus protagonistas, un lenguaje barrial, un lenguaje sin adjetivos, un lenguaje ágil, un lenguaje vibrante, que hace cómplices a los lectores de esta novela que reconstruye noches destruidas por la fiesta. Una novela construida con fluidez, la fluides de la memoria y del desmadre, una novela que nos habla de la nostalgia, del tiempo perdido, pero que lo hace desde la alegría, desde la memoria luminosa de la fiesta.


A Fantasmas en el balcón no le falta su lado oscuro: Hay peleas, hay riñas, hay asaltos, hay calles oscuras de donde surgen violentos matones, pandillas más oscuras, que buscan cortar el paso y de paso, cortar la fiesta. Hay asesinatos. Hay muertes. Hay un terreno liminar en el que la noche también abre sus fauces oscuras y crueles. Hay una búsqueda desenfrenada por los placeres. Pero porque eso también es la juventud. Porque cuando eres joven eres inconsciente y el desmadre es parte de la vida. Y la vida también está llena de matices. Y porque la vida también tiene su elemento de peligro, y Fantasmas en el balcón las refleja y también nos la cuenta.


Es así como Fantasmas en el balcón es una novela gozosa, divertida, nostálgica, que trae ante nuestra mirada una ciudad de fantasmas y de viejas amistades.





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