El fin de la muerte de Cixin Liu / Martin Petrozza

Si en las novelas anteriores, Cixin Liu nos obligó de manera contundente y magistral a replantearnos la visión que tenemos de la física, del universo y del lugar que ocupa la humanidad en él, en esta tercera entrega, El fin de la muerte (2010), nos cuestiona: ¿qué existe por abajo y por arriba del ser humano y del plano tridimensional en que habita? Traducida al castellano por Ken Liu en 2016, la novela cierra la trilogía intitulada El recuerdo del pasado de la Tierra, mejor conocida como El problema de los tres cuerpos, título del primer libro de la misma y ganadora del Premio Hugo.

En esta magna obra de ciencia ficción, el hombre debe hallar la forma de no parecer una civilización hostil o muy desarrollada y no llamar la atención de civilizaciones extraterrestres avanzadas, capaces de destruir nuestro sistema solar a la distancia, de forma económica, sin enviar tropas intergalácticas, ni consumir energía nuclear; lo que llaman “un ataque del bosque oscuro”, en referencia al tópico del libro anterior de la trilogía, donde la humanidad ya es consciente del grave error que cometió al anunciar su existencia lanzando señales de onda amplificadas por el sol.

La destreza del autor nos adentra en un suspenso tal que dejar de leer el libro es difícil. Cada página está llena de metáforas y alegorías matemáticas que gratifican al intelecto, a la capacidad de imaginación y al asombro. Hasta ahora, pocas novela de ciencia ficción podrían considerarse tan originales como El fin de la muerte, ganadora del Premio Locus (2017) a la mejor novela en su género y nominada a los premios Hugo y Dragón en la misma categoría.

Pensamos en el planeta Tierra como el planeta madre de la humanidad, pero, ¿qué pasaría si el hombre se ve obligado a dejar su planeta y su sistema solar para no extinguirse como humanidad, como civilización? ¿La tecnología actual alcanzaría para generar lo medios necesarios para migrar? ¿Quiénes exactamente serían los primeros, quizá lo únicos, humanos en gozar del privilegio de escapar de la amenaza de muerte? ¿La humanidad es lo suficientemente madura para organizar de manera efectiva la huida? ¿O nos mataríamos entre nosotros antes de que lo haga alguien más?

Lo que sobresale al leer esta obra es el estado de alerta en que el lector entra, como si por un momento, la amenaza de la destrucción de nuestro sol se cerniera realmente sobre nosotros como una sombra oscura. Pocos escritores logran contagiar de ese modo a sus lectores. Es imposible leer El fin de la muerte sin olvidar que se trata de literatura. Quizá la suerte de teorías científicas que se plantean, como el acelerador de partículas circunsolar, los viajes a la velocidad de la luz por curvatura, la hibernación, y sobre todo, el desdoblamiento de las dimensiones, son tan maravillosamente narradas y explicadas que nuestra imaginación no puede sino darlas por ciertas, de tan posibles, al menos, en la ciencia ficción dura. Es tan impactante pensar en nuestra existencia tridimensional como sólo una de once existencias dimensionales. El hecho de existir cobra un matiz sombrío: no somos el centro del universo, no somos la humanidad que siempre salva al mundo, sino un fragilísimo, casi nulo, precario suspiro de la existencia luchando por extender su tiempo de vida lo más posible.

Sin miedo a equivocarme, una de las mejores obras del género, si no es que la mejor hasta el día de hoy. Si quieres volarte la cabeza, la alucinante visión de Cixin Liu es un revólver seguro, y tiene tres balas: El problema de los tres cuerpos (chino 2016; castellano 2014), El bosque oscuro (chino 2008; castellano 2017) y El fin de la muerte (chino 2006; castellano 2018).

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